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domingo, 15 de enero de 2012

SUEÑOS DE CARTÓN PIEDRA

Terenci Moix y el Péplum



Los últimos días de Terenci fueron de extrema obsesión por todo ese mundo mitómano que le rodeaba. Con noches enteras sentado frente al ordenador a la caza de esa foto ansiada. Así, hasta su adiós definitivo. Tengo grabadas las imágenes en miniatura esparcidas por la pantalla de su ordenador. Ahí estaba Steve Reeves, Gordon Scott y otros guaperas de porte épico. También las paredes de su estudio rendía pleitesía a la Roma Imperial, al hervidero de cintas cimentadas en el cartón piedra, en la túnica y en la musculatura. Era una de las muchas debilidades de Terenci. Y también la mía, aunque por diferentes motivos.

El caso es que hoy deseo recordar algunos de los iconos del peplum más evocados en nuestras cenas regadas con Dry Martini –él regaba mejor y más que yo, tengo que reconocerlo--. Cuando Inés, su querida Inés, me comunicó su muerte, me sumí en un largo tiempo de silencio, sólo importunado por el dolor. Luego escribí lo que sigue a continuación.  



SINUHE EL EGIPCIO
The egyptian. USA 1954
Cartel de Soligó


  
DIME QUE FUE UN SUEÑO

Disfruté de Terenci muchas horas de los últimos años de su vida. Las cenas en el Metropolitan –su restaurante amigo— y las reuniones con sabor a buhardilla --esa buhardilla que era su piso-despacho de la calle Muntaner--, vienen hoy a mi mente, una a una, separadas nítidamente por la magia de su variado contenido retrospectivo. Todo él era un álbum de recuerdos, de memorias, que yo compartía con asombroso mimetismo. Su ferviente militancia nostálgica era la mía. Pero él siempre era el sabio, la luz, aunque le molestaba reconocerlo. Cada charla con Terenci era puro gozo para quien, como yo, como él, disfrutaba recordando la miscelánea popular de nuestros años impúberes. Un día el turno era para los tebeos, con Boro Kay a la cabeza, sin olvidar a otro de sus personajes fetiches como era Tony y Anita, la colección de Maga. Otro, los carteles de cine, cuyo ranking preferencial encabezaba Sinuhe el egipcio, al que seguían Cesar y Cleopatra, La Atlántida, Suez, La túnica sagrada, El ladrón de Bagdad etc., cartel este último de gran tamaño que presidía majestuoso una de las paredes de su casa. Y no sólo le seducía la magia del escenario que el cartel representaba, también volcaba su interés sobre el diseño y disertaba con gran sentido gráfico sobre las escuelas cartelísticas del sector –admiraba a Peris Aragó y se enorgullecía de poseer un original de Jano que éste le había regalado. Como digo, siempre compartiendo nostalgias, disputando mitos, escarbando en la memoria cinéfila de ambos, aunque la mía no era más que un proyecto de alzheimer comparada con la suya, con su sabiduría. Y no sólo el cine de Hollywood era su credo, sino toda la producción de cine clásico en general. Su memoria almacenaba hasta los más ínfimos detalles de cualquier producción. Pero no era ésta una memoria fría --aquélla que se construye hincando codos--, sino la consecuencia de haber bebido el cine desde el alma, desde su enorme corazón.

Nunca vi a nadie con una mirada tan mágica, capaz de expresar al mismo tiempo la pasión y la ternura. Porque Terenci era un ser especial, único, a veces frágil, otras niño, pero siempre bondadoso, de eterna sonrisa, incluso en los momentos más extremos de su enfermedad. Se me encoge el alma sólo de pensar que ya no disfrutará más de sus cromos de King de la India, de Mujercitas y de tantos otros iconos que él veneraba. No puedo hacerme a la idea de no verlo más delante del ordenador mostrándome sus últimos trofeos sacados de la red, casi siempre en forma de fotos de sus actores y actrices preferidos –que eran casi todos. Alguien debería decirles, allá en el cielo, a los Errol Flynn, Marilyn Monroe, Bette Davis o Silvana Mangano, que salgan a recibirlo, que lo quieran mucho, que lo integren en su club de estrellas, ese firmamento de astros que él tanto amó. Y que no se olviden de avisar a su niño, Sal Mineo y a su Apolo particular, Steve Reeves. Pero, por encima de todo, hay que decirles que le devuelvan en forma de homenaje todas las ofrendas que Terenci les dedicó aquí en la tierra. Seguro que, incluso así, seguirán estando en deuda con él. Porque si hubo en el planeta alguien que encumbró a los mitos del cine más allá del mismísimo star system, ese fue nuestro Terenci Moix. No sé ustedes, pero yo tengo la sensación de que a partir de ahora ni Hollywood, ni el cine clásico, ni sus actores volverán a ser los mismos. Así que, Terenci, llámame y dime que fue un sueño. 

4 de abril de 2003


 CLEOPATRA
USA, 1934
Cartel de Martí Marí




SANSÓN Y DALILA
Samson and Delilah. USA 1949
Cartel de José María





QUO VADIS
USA 1951
Carteles de MCP





LA TÚNICA SAGRADA
The robe. USA 1953
Cartel de Soligó





LA REINA DE SABA
La regina di Saba. Italia 1952
Cartel de Soligó




JULIO CESAR
Julius Caesar. USA 1953
Cartel de MCP






DEMETRIUS Y LOS GLADIADORES
Demetrius and the gladiators. USA 1954
Cartel de Soligó







ULISES
Ulisse. Italia 1953
Cartel de Ramón





HÉRCULES
Le fatiche di Ercole. Italia 1958




 LA BATALLA DEL MARATHON
La battaglia di Maratona. Italia 1959
Pluma prensa de Mac





SALOMÓN Y LA REINA DE SABA
Salomon and Sheba. USA 1959
Cartel de Mac





LOS ÚLTIMOS DIAS DE POMPEYA
Samson and Delilah. España, Italia, Alemania 1960
Cartel de Jano





EL COLOSO DE RODAS
España. Italia, Francia 1961
Cartel de Jano






RÓMULO Y REMO
Romolo e Remo. Italia 1961






CLEOPATRA
USA 1963






2 comentarios:

  1. Apreciado Paco,
    Tienes el don de la comunicación creativa. Contigo se hace fácil valorar y apreciar el arte del cine y los carteles publicitarios. Inhalas y exhalas una pasión por el séptimo arte que se hace contagiosa.
    Este blog me sabe a poco.
    Cuando quieras organizar tertulias cinematográficas con tu colección de joyas, me apunto la primera en la lista de audiencia.
    Dime que los sueños pueden ser realidad!

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